INSCRIPCIONES

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis no posee un título general preestablecido, ni tiene un temario psicoanalítico pautado para la presentación de los trabajos.

Cada expositor habla en nombre propio, es decir que su palabra sólo se sostiene en su enunciación.

Cada expositor tiene la libertad de escribir su trabajo sobre el tema de psicoanálisis que le interese, sea tanto de la clínica como del campo conceptual que lo atraviese en ese momento.

Cada expositor dispone de un tiempo máximo y total de 30 minutos para su presentación y discusión con el público. Por consiguiente tiene la libertad de distribuir a su gusto, dentro de los 30 minutos, cuánto durará su trabajo y cuantos minutos dejará para la discusión.


Como no hay autoridades de mesa, cada expositor tiene la responsabilidad de aceptar el compromiso de presentar al expositor siguiente a su trabajo, estableciéndose de este modo una serie: lectura del escrito, preguntas y comentarios del público, tiempo de corte y pasaje al trabajo siguiente, donde el expositor que leía pasa a presentar el siguiente trabajo y al lugar de escucha.

Los trabajos no se seleccionan ni ordenan por ningún criterio temático, de grado, jerarquía o tiempo de formación del expositor.

El establecimiento del programa con el día, la sala y el horario de cada presentación, se resuelve en base al azar por medio de un sorteo.

Debido a la gran cantidad de expositores, la presentación de los trabajos se realiza en mesas simultáneas.

La rotación hace a la reunión, pasando por distintas ciudades y países cada dos años, de modo que cada encuentro es único y diferente.


La Reunión Lacanoamericana sucede cada vez y no produce serie numerable, sino que cada reunión es una. Se constituye la mañana del primer día y tras la lectura del último trabajo, en asamblea se produce su disolución.

En las asambleas se trabajan los temas propios de cada reunión. Se vota si se realizará una próxima  Reunión y se postulan las instituciones que se ofrecen a organizar la siguiente,  respetando la alternancia de países en la medida de lo posible.

Las asambleas están coordinadas por la Mesa Ejecutiva. Puede concurrir quien quiera y decir en nombre propio, pero son las Instituciones Convocantes las únicas que tienen voto para elegir a través de sus representantes la siguiente sede.


Luego de la disolución, queda el compromiso de las instituciones de la siguiente sede a conformar una Mesa Ejecutiva para realizar la próxima Reunión y de las Instituciones Convocantes a apoyar esa realización.

La Mesa Ejecutiva no se constituye como autoridad, sino que es la que organiza la Reunión, garantiza el funcionamiento y procura los medios para la realización del encuentro.